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28 noviembre 2010 7 28 /11 /noviembre /2010 17:17

 

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

 Nació el 18 de junio de 1712 en Ginebra (Suiza).Filósofo, teórico político y social, músico y botánico francés, uno de los escritores más elocuentes de la ilustración.

Fue educado por unos tíos, tras fallecer su madre pocos días después de su nacimiento.

Fue empleado como aprendiz de grabador a los 13 años de edad, pero, después de tres años, abandonó este oficio para convertirse en secretario y acompañante asiduo de madame Louise de Warens, una mujer rica y generosa que ejercería una profunda influencia en su vida y obra.

En 1742 se trasladó a París, donde trabajó como profesor y copista de música, además de ejercer como secretario político.

Llegó a ser íntimo amigo del filósofo francés Denis Diderot, quien le encargó escribir determinados artículos sobre música para la Enciclopedia.

Denis Diderot

El filósofo y escritor del siglo XVIII Denis Diderot recopiló la influyente Enciclopedia o diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, una monumental obra que reflejaba las inquietudes de los intelectuales de la época denominada "era de la razón". Diderot dedicó gran parte de su vida a la edición de los 35 volúmenes de esta obra, conocida brevemente como Enciclopedia. Con sus puntos de vista liberales y racionalistas, la Enciclopedia combatió la autoridad de la Iglesia y las supersticiones de su tiempo.

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En 1750 ganó el premio de la Academia de Dijon por su Discurso sobre las ciencias y las artes.

 En 1752, fue interpretada por primera vez su ópera El sabio del pueblo. Tanto en las obras anteriores, como en su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1755), expuso la teoría que defendía que la ciencia, el arte y las instituciones sociales han corrompido a la humanidad, y según la cual el estado natural, o primitivo, es superior en el plano moral al estado civilizado.

Su célebre aserto: “Todo es perfecto al salir de las manos del Creador y todo degenera en manos de los hombres”, y la retórica persuasiva de estos escritos provocaron comentarios burlones por parte de Voltaire, quien atacó las opiniones de Rousseau y suscitó una eterna enemistad entre ambos filósofos franceses.

En 1756 abandonó París y se retiró a Montmorency, donde escribió la novela Julia o La nueva Eloísa (1761).

En su famoso tratado político El contrato social o Principios de derecho político (1762), expuso sus argumentos sobre libertad civil y contribuyó a la posterior fundamentación y base ideológica de la Revolución Francesa, al defender la supremacía de la voluntad popular frente al derecho divino.

En su influyente estudio Emilio o De la educación (1762), expuso una nueva teoría de la educación, subrayando la preeminencia de la expresión sobre la represión, para que un niño sea equilibrado y librepensador.

En 1762 huyó primero a Prusia y después a Inglaterra, donde fue amparado por el filósofo escocés David Hume, con el que también terminó polemizando a través de diversas cartas públicas. Durante su estancia en Inglaterra se ocupó de la redacción de su tratado sobre botánica, publicado póstumamente, La Botánica (1802). Regresó a Francia en 1768, bajo el nombre falso de Renou.

En 1770 finalizó la redacción de una de sus obras más notables, la autobiográfica Confesiones (1782), que contenía un profundo auto examen y revelaba los intensos conflictos morales y emocionales de su vida. Murió el 2 de julio de 1778 en Ermenonville (Francia).

Su teoría de la educación condujo a métodos de enseñanza infantil más permisivos y de mayor orientación psicológica, e influyó en Fröbel, Pestalozzi y en otros pioneros de los sistemas modernos de educación.

Pensamientos

La Naturaleza buena

Todo sale perfecto de manos del Autor de la Naturaleza; en las del hombre todo degenera. A esta tierra la fuerza (la obliga) a que dé las producciones de otra; a un árbol a que sustente frutos de otro; los climas, los elementos, las estaciones, los mezcla y los confunde; mutila su perra, su caballo, su esclavo; todo lo transforma, todo lo desfigura; la disformidad, los monstruos le agradan; nada le place como lo formó la Naturaleza...

Así comienza el Emilio, el famoso tratado en forma de novela que encierra las ideas de Rousseau sobre la educación, con un acto de fe en “la naturaleza” y con un acto de desconfianza en “lo artificial”, producto de la sociedad, de la historia y de la cultura.

En la pedagogía russoniana hay un principio profundamente presente en las corrientes pedagógicas contemporáneas: se trata del optimismo acerca de la naturaleza humana y de la interpretación del proceso educativo como libre desarrollo de esa naturaleza.

El gran principio de Rousseau consiste, como se ha observado, en la afirmación de que la educación debe ponerse al servicio de la naturaleza humana, la cual, fundamentalmente igual en todos, asume en cada uno una fisonomía original, en virtud de un dinamismo interior individual, que no debe ser nunca desviado ni aplastado desde afuera.

Emilio, el protagonista de la novela pedagógica, es imaginado por Rousseau en una situación educativa ideal, aunque prácticamente irrealizable.  Se encuentra en una casa de campo, no integrado a ninguna sociedad, ni siquiera a su familia; la única persona con quien realmente se comunica es su maestro: un hombre joven, sabio, culto, abierto y que no trabaja por dinero.  Los demás seres humanos cuya presencia es advertida en la novela (sirvientes, domésticos, amigos y parientes) aparecen y actúan cuándo y cómo el educador lo establece.  La educación de Emilio, desde la más tierna edad, depende exclusivamente de su maestro.  Rousseau escribe: me he decidido a tomar un alumno imaginario, y a suponerme con la edad, la salud, los conocimientos y todo el talento que conviene para desempeñar su educación, conduciéndola desde el instante de su nacimiento hasta aquel en que, ya hombre formado, no necesite más guía que a sí mismo”.

Sociedad Corrupta

Es clara la finalidad del aislamiento de Emilio: alejarlo totalmente de la sociedad corrupta y corruptora en los años de su formación, para lograr de él nada más y nada menos que “el hombre bueno por naturaleza”, para integrarlo a la sociedad  solamente más tarde, cuando dueño de sí mismo, respetuoso de la libertad propia y ajena, y convencido de la igualdad de todos los hombres, no tema las influencias negativas de la sociedad y pueda, más bien, influir positivamente sobre ella.

En efecto, si bien es cierto que la educación de Emilio se desarrolla en el aislamiento, es cierto también que se le inculcan fundamentales virtudes sociales.  Escribe Rousseau: Los primeros llantos de los niños son ruegos; pero, si nos descuidamos, luego se convierten en órdenes; empiezan haciéndose asistir, y acaban haciendo que los sirvan.  De esta suerte, de su flaqueza propia, de donde nace primero la conciencia de su dependencia, se origina luego la idea de imperio y dominación”.

 “Conviene acostumbrarle desde muy temprano a no mandar ni a los hombres, porque no es su amo, ni a las cosas,  porque no le oyen.  Por eso, cuando un niño desea algo que ve y que se le quiere dar, es mejor llevar el niño al objeto que traer el objeto al niño; de esta práctica saca una consecuencia propia de su edad y no hay otro modo de sugerírsela”.

No sabemos ser sencillos en nada, ni aún para con los niños. Cascabeles de oro y plata, corales, cristales de facetas, juguetes de todo valor y todas clases: ¡Cuánto atavío inútil y pernicioso!  Nada de eso. Fuera los cascabeles, fuera los juguetes; unas ramitas de árbol con sus frutas y sus hojas; una cabeza de adormidera en donde se oigan sonar los granos; un palo de regaliz que pueda el niño chupar y mascar, le divertirán tanto como todos esos dijes magníficos, y no tendrán el inconveniente de acostumbrarle al lujo desde que nace”.

Guardaos sobre todo de enseñar al niño vanas fórmulas de cortesía, que cuando sea necesario le sirvan de palabras mágicas para sujetar a su Educación a todos cuanto le rodean, y conseguir al instante lo que le acomode.  En la etiquetera Educación de los ricos no se omite nunca el hacerlos Educativos e imperiosos, prescribiéndoles los términos que han de usar para que nadie se atreva a resistirles”.

Educación Negativa

 “La educación primera debe ser meramente negativa.  Consiste, no en enseñar la virtud ni la verdad, sino en preservar de vicios el corazón y de errores el ánimo.  Si pudierais no hacer nada, ni dejar hacer nada; si pudierais traer sano y robusto a vuestro alumno hasta la edad de doce años, sin que supiera distinguir su mano derecha de la izquierda; desde vuestras primeras lecciones se abrirían los ojos de su  entendimiento a la razón, sin resabios ni preocupaciones; nada habría en él que pudiera oponerse a la eficacia de vuestros afanes. En breve se tornaría en vuestras manos el más sabio de los hombres; y no haciendo nada al principio, habrías hecho un portento de educación”.

Resulta bien claro que el concepto de educación negativa se vincula estrechamente al de naturaleza buena, puesto que al hombre bueno nada hay que enseñarle, ya que sobreponer algo, aunque tenga el nombre de virtud o verdad, a su naturaleza es esconderla y sofocarla.

Educación Indirecta

Sin embargo, como numerosos críticos de Rousseau han observado, en realidad en la narración de la práctica educativa, el autor pasa de la educación negativa a la educación indirecta.  El maestro poco a poco se va convirtiendo en un educador y organizador de experiencias educativas y, con ese fin,  “combina coincidencias, mueve personajes y regula circunstancias para propósitos bien determinados”.

Recordaremos, por ejemplo, entre otras muchas, la circunstancia en que un discípulo real de Rousseau llega a persuadirse de que no debe salir solo y cuando quiere.  El maestro actúa como si le dejara hacer su propia experiencia, sin embargo: todo estaba dispuesto de antemano; y como se trataba de una especie de escena pública, había alcanzado el consentimiento de su padre.  Apenas había caminado unos pasos y escuchó a la derecha y a la izquierda diferentes opiniones sobre él:  Vecino, ¡qué bonito niño!  ¿A dónde va así solo? Se va a perder; voy a decirle que entre en casa. Vecina no hagáis tal cosa.  ¿No ves que es un picarillo que le han echado de casa de su padre, porque no sacaban nada bueno de él?  No le metamos en casa; dejadle que vaya donde quiera.  Pues con bien vaya y Dios le guíe; pero sentiría que le sucediera algún mal”.  “Algo más lejos encuentra unos pilletes casi de su misma edad, que le insultan y hacen burla de él.  Cuanto más adelante, con más estorbos tropieza.  Solo y sin amparo, se mira hecho la irrisión de todo el mundo, y no sin extrañarlo ve que sus medias de seda y sus hebillas doradas no infunden respeto ninguno”.

No obstante, uno de mis amigos que él no conocía, y a quien yo había dado el encargo de que no le perdiera de vista, le seguía paso a paso sin que él lo comprendiese, y se le acercó cuando fue tiempo. Este papel lo requería un hombre de talento, y mi amigo lo desempeñó perfectamente. Sin asustarle mucho ni desalentarle en demasía, también le dio a entender la imprudencia de su conducta, que me le trajo al cabo de media hora blando, confuso, y sin atreverse a alzar los ojos”.

Para remate de su desastrosa expedición, precisamente al tiempo que entraba él, salía su padre y le encontró en la escalera.  Fue preciso decir de dónde venía y por qué no iba yo con él. Hubiera querido el pobre chico estar cien pies debajo de la tierra.  Sin pararse en darle una larga reprensión, le dijo su padre con más sequedad de lo que yo esperaba: Cuando quiera usted salir solo, puede hacerlo; pero como no me conviene tener un atorrante(vago) en mi casa, si sucede otra vez, haga usted cuenta de no volver más.  Yo le recibí sin burlarme de él, sin echarle nada en cara, pero con alguna gravedad; y temiendo sospechas que era un juego cuanto había sucedido, no le quise sacar a pasear aquel día”.

Rousseau concibe la educación como un dejar que el alumno “haga lo que quiera”, sin embargo, afirma que Emilio debe querer sólo lo que el maestro quiere o permite que haga y todo lo que Emilio haga o diga debe estar previsto de antemano.

El precepto contemporáneo, hecho hoy propio por sicólogos, médicos y psicopedagogos de que “la educación debe conformarse al desarrollo del educando”, surgió en realidad de dos grandes pensadores del siglo XVIII, en Rousseau y Giambattista Vico.  Ellos fueron los primeros en afirmar que el niño no es simplemente un hombre pequeño, conforme lo creen los adultos, sino que tiene sus características psicológicas propias, de modo que la afectividad y la imaginación son lo propio del niño como la razón lo es del adulto. 

Rousseau dice: La Naturaleza quiere que los niños sean niños, antes de ser hombres... la infancia tiene modos de ver, pensar y sentir, que le son peculiares; no hay mayor desatino que querer imponerles los nuestros...”.  “¡Pretender educar a un niño por la razón! Eso es empezar por el fin, y querer que la obra sea el medio (instrumento).  Si los niños escuchasen la razón, no necesitarían que los educaran; pero, con hablarles desde su edad más tierna una lengua que no entienden, los acostumbran a contentarse con palabras...”

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Soto, J. & Bernardini, A. (2005). La Educación Actual en sus Fuentes Filosóficas. San José: EUNED.

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Published by Dr. Esyin Calderón Valverde - en Filosofía
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  • Bach. en Filosofía y Humanidades; Bachillerato en Educación I y II Ciclo; Licenciatura en Docencia para Filosofía; Licenciatura en I y II Ciclo; Maestría en Administración Educativa; Doctorado en Ciencias de la Educación
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