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9 septiembre 2009 3 09 /09 /septiembre /2009 18:51

2. La Televisión Y su efecto nocivo

INTRODUCCIÓN:

Las estadísticas nos dicen que por lo general, en un hogar donde hay televisor, los niños lo están mirando alrededor de seis horas diarias. Al cumplir los 16 años, tal niño ha estado mirando la televisión más cantidad de horas que el trabajador que por 12 años, sin faltar, ha trabajado 42 horas semanales.

Después de dormir y trabajar, la televisión ocupa más tiempo que cualquier otra cosa en los hogares que la tienen.

Cualquier cosa que ocupa tanto de nuestro tiempo debe ser analizada. Queremos con honradez ver lo que las estadísticas nos dicen acerca de la influencia, el contenido y los efectos de la televisión sobre los que la ven.

SU INFLUENCIA:

            La influencia de la televisión es fuerte. Paula Brooks, asistente administrativa de comunicación del distrito de escuelas independientes en Fort Worth, Texas, USA, dijo así:

            “Los medios de comunicación han llegado a ser fuerzas potentes para ejercer influencia sobre las personas. Su poder penetrante no puede ser ignorado por ninguna institución que se preocupa por el efecto que dejan en la mente y la voluntad de su gente”.

            Se le preguntó a Alistaire Cooke, por muchos años un productor de programas para la televisión:

-         De todas las influencias que afectan a los niños, ¿en qué lugar pondría usted la televisión?

-         Respondió él- “en el lugar que sigue después de sus padres, y delante de la escuela y la Iglesia”

-         Añadió- “los malos hábitos son adquiridos más rápidamente por la televisión que por cualquier otro medio”.

El psicólogo inglés, William A. Belson, hizo un estudio de 1565 muchachos de 12 a 17 años de edad.  Él descubrió que en esos jóvenes, la televisión no necesariamente cambió su actitud hacia la violencia, pero destruyó los valores morales que el hogar, la iglesia y la escuela trataron de edificar.

Se dice que el ser humano retiene el       10% de lo que oye

                                                             50% de lo que oye y ve

                                                             90% de lo que oye, ve y hace.

El que mira la televisión oye, ve y experimenta un sentido de participación (imaginaria) muy similar al hacer.

Podemos inferir (concluir) que el televidente retiene mucho más que el 50% de lo que ve.

La influencia de la televisión es real y fuerte. Por esta razón es necesario que se analice el contenido de sus programas con cuidado y honradez (objetividad).

SU CONTENIDO:

Las emisoras de televisión subsisten mayormente por vender tiempo para comerciales. Así es que les interesa a los programadores llamar la atención al mayor número de televidentes posible.  Para hacer esto, es necesario poner los programas que llaman la atención a la mayoría. Por esta razón, la mentalidad y el deseo de la mayoría es lo que determina el contenido de los programas.

FILOSOFÍA HUMANISTA:

La filosofía de los programas de televisión es humanista. No distingue claramente entre el bien y el mal. Las soluciones que ofrece a los problemas del mundo son o económicas, sociales o políticas. No toma en cuenta los valores culturales, cívicos, morales ni cristianos. Enseña una mentalidad donde no hay Dios ni es necesario (mentalidad secularista).

Cuando la televisión trata directamente el aspecto religioso o cristiano, muchas veces se da un cuadro distorsionado. En un estudio que Kevin Perrota hizo sobre los efectos de la televisión encontró que ésta trata los valores cristianos, mayormente, en tres formas:

1.      Ser cristiano es cosa de sencillos e ignorantes

2.      que el cristianismo es un comercio

3.      que es cosa peligrosa identificada con fanatismos y sectas ocultas

Kevin sigue diciendo que la persona que se deja influir por la televisión tiende a desligarse de cuestiones religiosas o cristianas.

VIOLENCIA:

La Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, tiene más de 14 años de estudiar la violencia en la televisión. Ellos dicen que durante las horas cuando el mayor número de gente está mirando, suceden como seis hechos violentos por hora en cuatro de cada cinco programas. Las estadísticas también revelan que un joven de 16 años ha visto en la televisión 150 000 hechos violentos y como 25 000 homicidios.

 

Hay violencia en los programas de caricaturas para niños. Algunos de estos programas muestran hasta 25 incidentes violentos por hora. Esto va formando la mentalidad de esos niños. Nos vamos programando para ser “asesinos en potencia”.

La televisión programa nuestros cerebros, actúa poderosamente en el subconsciente y aunque nuestra actitud sea pasiva en un momento determinado en que una situación x (una cólera, temor…) nos saque de “casillas”, esa personalidad programada sale al descubierto y proyectamos lo que somos internamente o lo que ha hecho de nosotros la televisión. De ahí que muchos hombres pasivos en un momento determinado pasaron a ser asesinos violentos y después se preguntan: Pero ¿qué hice? Yo no soy así.

Hace más de diez años, el cirujano general de los Estados Unidos, Jesse L. Steinfeld, dijo:

“La relación entre la violencia en la televisión y el comportamiento antisocial del pueblo merece acción inmediata para remediar la situación”.

INMORALIDAD Y TRANSVALORACION:

Un programa de televisión que no lleve violencia, brujería y erotismo está condenado al fracaso. La misma televisión se ha encargado de sembrar lujuria para despertar ese deseo de “sexo” en los televidentes.

Hasta las telenovelas se están llenando de escenas eróticas, infidelidades matrimoniales, adulterios, etc. Y todo esto se presenta como algo normal en el ser humano. Por ello muchos matrimonios no agotan todos los recursos disponibles para salvar su hogar, ni siquiera por amor a sus hijos, porque los medios de comunicación nos muestran miles de ejemplos en donde el divorcio es la tónica que se repite en todos los casos.

La televisión presenta el adulterio como una costumbre de las personas normales. Muchas mujeres se dedican al robo de maridos y son vistas en la sociedad como “triunfadoras” y ellas se sienten “exitosas”, no sabiendo que por hechos similares miles de inocentes sufren las consecuencias. La televisión oculta las consecuencias reales de la inmoralidad que presenta: no les presenta la realidad de que una gran mayoría de ellas no encontrarán nunca la felicidad sino una cadena de infidelidades de ese marido que se robaron.

En otros tiempos las mujeres buscaban maridos que fueran valientes, caballerosos, elegantes, solteros, etc. Hoy el cine y la televisión le hacen creer a la mujer que el hombre ideal es el que tiene dinero independiente de su edad, de que le guste, de que tenga valores. Cuando llegan al matrimonio vienen las desilusiones y los fracasos.

La televisión ha programado al hombre para buscar mujeres con hermosos cuerpos, como los prototipos que presentan los MCS. Le ha hecho creer que una mujer vale por sus grandes pechos y gluteos y no por su corazón, sus valores, sus costumbres, su cariño etc. De aquí que en el matrimonio vienen las desilusiones y se encuentra con un “estuche” vacío. Muchas mujeres para lograr la admiración del hombre, en este sentido, gastan millones en implantes de todo tipo.

Se da la cosificación: el hombre convierte a la mujer en una cosa, un objeto y desliga su cuerpo de su persona. No sabe que ella es más que un cuerpo, es un ser humano que piensa, que siente, que actúa, que puede amar, que le duele cuando la lastiman, etc. Y la mujer, por otro lado, ha recibido el mensaje de que debe comportarse como cosa y si no lo hace entonces está fuera de tono. A las mujeres que no se prestan para el juego del hombre se les presenta como ingenuas, ridículas, tontas o bobas.

La televisión manifiesta una mentalidad hedonista en donde el placer es la causa de la felicidad. El ser humano está desbordado buscando placer y la felicidad nunca llega: los MCS nos han mentido.

REBELDÍA CONTRA LA VEJEZ:

Algunos psicólogos manifiestan que la rebeldía es una etapa normal del ser humano y por ello se tiende a justificar la rebeldía moderna, en donde los jóvenes se rebelan contra las autoridades (los padres de familia, la iglesia, el estado, etc.). Sin embargo no siempre fue así. Hace varias décadas, antes de que la televisión incursionara en nuestro mundo los hijos tenían gran respeto por sus padres. Si bien, la rebeldía formaba parte de sus vidas, no era tan intensa como en nuestros días.

La mentalidad de la televisión es: “ser joven es lindo; ser viejo es una desgracia”. Evite la vejez con cosméticos, adopte la mentalidad de los jóvenes. La televisión presenta al ser humano como eterno. Nos aleja de la realidad de la ancianidad y la muerte, por ello aleja al ser humano de pensar en Dios.

Los modelos de rebeldía de otros países en donde estos luchan contra las autoridades de los centros educativos con armas se convierte en modelos en nuestra sociedad.

NOS ESCLAVIZA:

            Mirar la televisión llega  a ser un vicio. Hay muchas personas que se encuentran dominadas por ella. Dejan cualquier cosa, incluso sus deberes, para tener cita con programas que los esclavizan. Hoy hay personas que necesitan ver tele porque si no, no saben que hacer.

            Ya no se invierte el tiempo en lectura. El tiempo libre antes era invertido en leer o dialogar con la familia o los vecinos. Ahora el tiempo libre tiene nombre: ver tele. No nos extraña por qué tanta gente es cada día menos amante del conocimiento y se es más ignorante.

A MODO DE CONCLUSIÓN:

A la televisión le interesa “vender” una imagen que ha sido impuesta por los países “desarrollados”. Busca que el hombre y la mujer sean consumistas. Su objetivo es programar al ser humano para que consuma, gaste, invierta. El que no gasta o consume es un “agarrado”, “cochino”. Por eso para yo valer en la sociedad debo preocuparme por tener el vehículo más caro, la casa más lujosa, los muebles más modernos y caros, comer en los restaurantes más finos, las comidas más sofisticadas, etc. La mujer ha sido programada para creer que ella vale si tiene el cuerpo más sexi, si es fácil, y si tiene todo lo anterior mencionado.

Desde los primeros años los niños aprenden que valemos por ser consumistas y no por tener VALORES, tan es así que entonces los VALORES no valen, entonces ¿para qué preocuparme por tenerlos? Si los llego a tener nadie me va a valorar, más bien la sociedad tenderá a aislarme o a ridiculizarme.  Y Todavía muchos se preguntan ¿por qué no soy feliz?

Antes que llegara la televisión los niños y los adultos se entretenían con juegos, conversaciones y otras actividades creativas. La mente les ayudaba a encontrar maneras de ocupar su tiempo en cosas de valor. La t.v. hace que la mente sea perezosa.

La televisión es la niña en la casa. El niño frente a un televisor no molesta. Sin embargo cuando crece vienen las consecuencias porque ha sido educado por los medios consumistas de nuestro tiempo.

Alguien dijo que los programas de televisión son el veneno más mortal en la sociedad contemporánea porque cayeron en manos, no de la educación o la ciencia, sino de los neoliberales, de los capitalistas, de los consumistas, de los empresarios que quieren más y más a costa de los que no pueden pensar. A través de ella se decide quien o quienes nos van a gobernar; quienes son cuestionados; quienes están fallando. Ha ocupado el lugar de liderazgo en la sociedad actual. Es nuestro líder. La mayor de la población toma lo que dicen los MCS como Palabra de Dios. Los políticos tiemblan cuando los MCS hablan porque en su manos está el ser destituido o ser promovido. Pero también los MCS hacen temblar a los líderes religiosos y en muchas ocasiones manipulan sus sermones. Los programas de televisión no deben ni pueden ser cuestionados porque enfurecemos a los grandes Manipuladores de las Decisiones del pueblo costarricense.

Es hora de ser críticos y de enseñar al pueblo a ser crítico.

http://casadeoraciondanielflores.es.tl/La-tv-y-su-efecto-nocivo.htm

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Published by Dr. Esyin Calderón Valverde - en Valores
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  • Bach. en Filosofía y Humanidades; Bachillerato en Educación I y II Ciclo; Licenciatura en Docencia para Filosofía; Licenciatura en I y II Ciclo; Maestría en Administración Educativa; Doctorado en Ciencias de la Educación
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